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Ukiyo-e, una nueva visión de la realidad

21 May

Vivir para el momento, contemplar la luna, las flores de cerezo y las hojas de arce, amar el vino, las mujeres y la poesía, enfrentarse a la pobreza que salta a la vista con una broma llena de buen humor y no dejarse desanimar, dejarse conducir por la corriente de la vida como una calabaza que fluye río abajo: todo eso significa ukiyo“, explica Asai Ryoi en su libro “Historia del mundo flotante” (ukiyo monogatari)  de 1661.

Teniendo en cuenta la brevedad e inconsistencia de la vida, se trata de dejarse llevar por ella, de gozar del presente y buscar los placeres para todos los sentidos. Con la publicación de las 36 vistas del Monte Fuji de Hokusai en 1830 y de los 53 sitios de la Ruta Toukaidouie de Hiroshige, entre 1832 y 1834, el paisaje conquistó repentinamente la xilografía japonesa denominada Ukiyo-e. El término uyiko-e significa literalmente “imágenes del mundo flotante” y se deriva originalmente de la idea budista del carácter efímero e ilusorio de la existencia terrena.

Hasta 1830, el paisaje en las estampas con bellas mujeres y los retratos de actores y héroes servía sobre todo como fondo para proporcionar credibilidad al contenido narrativo de la representación humana. Ahora el paisaje se emancipa del contexto de las figuras humanas y se convierte en el tema del cuadro en sí.

En Hokusai y Hiroshige, quienes dieron a la representación del paisaje en el siglo XIX su estilo propio e inconfundible, las figuras se convirtieron de repente en el elemento que había de integrarse en las vistas naturales. Hiroshige se interesaba sobre todo por la descripción subjetiva de la realidad, que extremaba con la elección de perspectivas y encuadres no convencionales y con el uso de colores muy expresivos para reproducir la luz y las condiciones atmosféricas, y que sometía a una interpretación personal.

La xilografía del Japón premoderno y sobre todo las estampas de paisajes de Hiroshige revolucionaron la pintura europea y contribuyeron, en los dos últimos decenios del siglo XIX, al nacimiento del Impresionismo.

La admiración que despertó la xilografía japonesa en color se debió a la demanda de nuevos medios y temas pictóricos con los que los artistas intentaban expresar los dramáticos cambios que se estaban produciendo en la segunda mitad del siglo XIX en Europa. Una fase de cambio, que representaba ciertos paralelismos con el desarrollo de la cultura burguesa en el periodo Edo. No es casualidad que los artistas europeos encontraran en Hiroshige aquello que éste había buscado, entre otras cosas, en el estudio de los métodos europeos de representación: una nueva visión del mundo, nuevos modos de interpretar la realidad.

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